Dia del Periodista; Del olvido al no me acuerdo.

Por: Issac Jaramillo Solis.

Siempre admire a mi padre Martín Jaramillo por su habilidad para escribir y disertar sobre cualquier tema, la capacidad de retención de datos de diversas materias, la rapidez y fluidez de escritura así como su síntesis y objetividad, tenía el mismo oficio de aquel quien muriera un 4 de Enero de 1926 don Manuel Caballero, periodista de profesión y revolucionario de su época.

El ejercicio periodístico es menospreciado en nuestra actualidad, sin embargo vivimos en la época donde el flujo de información es más abundante que nunca, la gran mayoría tenemos acceso a una gran cantidad de información que se genera día a día, segundo a segundo, y todos aprecian la informacion y pocos se dan el tiempo de conocer el informador.

Ver a mi padre redactar una nota siempre fue un deleite, escuchar el golpeteo de las teclas con una agilidad que solo poseían esas secretarias de antaño, y con una fluidez que en pocas personas se les ve hacerlo con una mente vivaz y rápida, el escucharlo hablar o realizar una entrevista también me regocijaba con voz segura realizaba la pregunta concreta y atinada que a más de uno puso a patinar en la respuesta.

La enfermedad que le causó la muerte a mi padre fue tan dolorosa pues afectó eso específicamente sus capacidades motrices y sus habilidades cognoscitivas, verlo degradarse en menos de 6 meses lo que 58 años se construyó fue tan difícil, el que no pudiera escribir y sus manos se le entorpecieron y se mente se le nublara le desesperaba de sobremanera y a mi me inmutaba.

A quienes lo conocieron saben bien de lo que escribo y a ustedes queridos lectores los invito a valorar la profesión que mi padre amó hasta sus últimos días, que a pesar de la falta de reconocimiento el seguía laborando arduamente, continuo buscando la información con sus pies hinchados y su cuerpo cansado, hoy 4 de Enero mi reconocimiento a todos los informadores, periodistas que dedican su tiempo para que podamos estar enterados de lo que en este mundo cada vez mas loco nos presenta.

Mi reconocimiento al cielo a todos aquellos que quedaron en el olvido de las letras y que alguna vez causaron intriga y emoción, de los que no me acuerdo o no quisiera recordar porque su partida fue tan triste que aun me anudan la garganta, mi reconocimiento a los que estamos por el tiempo que se nos permita estar, y que logremos hacer de este tiempo un fructífero momento, que nuestras letras lleguen a esas mentes jóvenes que no encuentran la libertad de su expresión.

Por último quisiera compàrtir con ustedes unos fragmentos de versos escritos por Gabriel Celaya, de “La poesía es un arma cargada de futuro” poema que mi padre y yo declamamos juntos más de una vez y cuando lo hacíamos se nos ensanchaba el orgullo.

“LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO”

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Calaya.

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